No puedo sino reconocer y celebrar el esfuerzo y valentía de todas las mujeres que han jugado un papel trascendental en la historia mundial y, sobre todo, en mi historia personal.
Las mujeres que me preceden


No puedo sino reconocer y celebrar el esfuerzo y valentía de todas las mujeres que han jugado un papel trascendental en la historia mundial y, sobre todo, en mi historia personal.

Es momento de romper, de una vez por todas, esas etiquetas que la sociedad nos dio a través del tiempo. Tenemos que empezar a normalizar que las mujeres somos libres y personas completas.

Los minutos no duran tanto, cada kilómetro se hace más largo, me siento agotado y mi cartera, siempre, amanece vacía.

Él tenía miedo porque no sabía nadar, pero de cualquier modo se paró sobre la orilla, sintió el agua salpicándole las piernas y se arrojó porque sabía que eso tenía que hacer. Era su llamado.

Nos entregamos a otros desconocidos, a sus dolores, a nosotros mismos y a nuestros dolores. Y sudamos, y lloramos, y sangramos, y volvemos a ser…

Qué cosas. Palabras y balas. Hacer la guerra, defender lo tuyo. Escribir, la mayor de las armas.

-Epílogo- Y la noche con su mar ha perecido. Lo que seremos (IV)Lo que seremos (III)Lo que seremos (II)Lo que seremos (I)

Mi amá fue depositada en su tumba y los albañiles se apresuraron a colar la losa. Cuando estos terminaron, las nubes recomenzaron su actividad, avanzaban de nuevo en movimientos envolventes.

A los tres se nos desdibujaron historias diferentes que cayeron en el olvido por no volver a ellas, y volvimos a formar surcos, los unos a los otros, en nuestros reencuentros puntuales.

Aquél que diga que aventurarse a lo desconocido no es atemorizante, está mintiendo. La falacia de la emoción es la mentira que nos repetimos para disfrazar el miedo y no quedar inmóviles ante él. El desplazamiento —imaginario o físico —siempre descoloca.

Tenemos un reto ineludible en nuestro interior: la plática con y contra nuestras hiperidentidades digitales.

Hace tiempo, un buen amigo me preguntaba si era más de escritores o de libros. De escritores, le dije. Son las cosas que tienen los románticos.

Cubrir de oro las heridas. Ponerles nombre y darles color. Dejar que cuenten su historia. Aceptar que son las heridas las que nos construyen.

Sin embargo, te buscaba; tanta fuerza y los huesos tronchados e insisto cada vez, torpe, asfixiado: ¿cómo mierda se reconstruye la vida dentro de un poema?

No fue tan largo el trayecto, fue hermoso, sí, pero también terrible. Es lo que las Hexen cobran por aceptar a una más.

“¿Qué quieres escuchar?” Volteé a ver a André y me tradujo. Dark side of the moon, dije. Sacó el vinil de por ahí, como si lo tuviera a la mano, levantó la aguja y los latidos de Speak to me empezaron a sonar.

Cuando se puso hielo en el rostro, dijo: “Dios mío, ya no chingues y mándame el infarto”.

¿Cómo se dice ‘adiós’ a un hermano?

¿Por qué busco ser autoindulgente a través de la música? Buscarlo de forma consciente; querer problemas gratis. Acelerar para sentir, sentirse.

Un cementerio y una cripta se asemejan lo que un charco a un mar: el contenido es el mismo, pero el continente les define y les jerarquiza, y su importancia la decretan las visitas.