Esbozar la sonrisa. Darle esperanza a la esperanza para que vuelva a surgir. Volver a creer y a recuperar. Volver.
Volver a ser


Esbozar la sonrisa. Darle esperanza a la esperanza para que vuelva a surgir. Volver a creer y a recuperar. Volver.

Entro en la habitación vacía y solo queda el eco. Un eco vacío que no me abandona, hablándome de raíces que llaman a mi interior.

Llego a la estación exhausta, me siento en un banco y decido en un suspiro que tengo que seguir buscando. Barcelona está gris y tiene el ceño fruncido.

Milan Kundera escribió en su libro La identidad que la mirada del amor es la mirada del aislamiento y yo veía a esa relación amorosamente: aislaba la responsabilidad que él tenía y buscaba maneras de justificarlo en un intento de saber cómo lidiar con las cosas.

No es sólo mi lucha, es la de todas que han sido pintadas, recitadas, cantadas y bailadas, que hoy no poseen su propia voz pero sí la mía.

La palabra se ha ido de lo abstracto a la piel ¿Qué es esa lagartija veloz que recorre todo el cuerpo? Es esta mujer que no escribe, arroja balas de nieve.

No puedo sino reconocer y celebrar el esfuerzo y valentía de todas las mujeres que han jugado un papel trascendental en la historia mundial y, sobre todo, en mi historia personal.

Es momento de romper, de una vez por todas, esas etiquetas que la sociedad nos dio a través del tiempo. Tenemos que empezar a normalizar que las mujeres somos libres y personas completas.

Los minutos no duran tanto, cada kilómetro se hace más largo, me siento agotado y mi cartera, siempre, amanece vacía.

Él tenía miedo porque no sabía nadar, pero de cualquier modo se paró sobre la orilla, sintió el agua salpicándole las piernas y se arrojó porque sabía que eso tenía que hacer. Era su llamado.

Nos entregamos a otros desconocidos, a sus dolores, a nosotros mismos y a nuestros dolores. Y sudamos, y lloramos, y sangramos, y volvemos a ser…

Qué cosas. Palabras y balas. Hacer la guerra, defender lo tuyo. Escribir, la mayor de las armas.

-Epílogo- Y la noche con su mar ha perecido. Lo que seremos (IV)Lo que seremos (III)Lo que seremos (II)Lo que seremos (I)

Mi amá fue depositada en su tumba y los albañiles se apresuraron a colar la losa. Cuando estos terminaron, las nubes recomenzaron su actividad, avanzaban de nuevo en movimientos envolventes.

A los tres se nos desdibujaron historias diferentes que cayeron en el olvido por no volver a ellas, y volvimos a formar surcos, los unos a los otros, en nuestros reencuentros puntuales.

Aquél que diga que aventurarse a lo desconocido no es atemorizante, está mintiendo. La falacia de la emoción es la mentira que nos repetimos para disfrazar el miedo y no quedar inmóviles ante él. El desplazamiento —imaginario o físico —siempre descoloca.

Tenemos un reto ineludible en nuestro interior: la plática con y contra nuestras hiperidentidades digitales.

Hace tiempo, un buen amigo me preguntaba si era más de escritores o de libros. De escritores, le dije. Son las cosas que tienen los románticos.

Cubrir de oro las heridas. Ponerles nombre y darles color. Dejar que cuenten su historia. Aceptar que son las heridas las que nos construyen.

Sin embargo, te buscaba; tanta fuerza y los huesos tronchados e insisto cada vez, torpe, asfixiado: ¿cómo mierda se reconstruye la vida dentro de un poema?