-Epílogo- Y la noche con su mar ha perecido. Lo que seremos (IV)Lo que seremos (III)Lo que seremos (II)Lo que seremos (I)
Lo que seremos (V)


-Epílogo- Y la noche con su mar ha perecido. Lo que seremos (IV)Lo que seremos (III)Lo que seremos (II)Lo que seremos (I)

Mi amá fue depositada en su tumba y los albañiles se apresuraron a colar la losa. Cuando estos terminaron, las nubes recomenzaron su actividad, avanzaban de nuevo en movimientos envolventes.

Caminos que forman historias; historias que forman una vida.

A los tres se nos desdibujaron historias diferentes que cayeron en el olvido por no volver a ellas, y volvimos a formar surcos, los unos a los otros, en nuestros reencuentros puntuales.

Un protagonista rodeado de personajes que van apareciendo y saliendo, con un punto de vista cómico; y a veces, grotesco. Atrapa al lector desde la primera línea, lo pone a prueba, le da lecciones de vida.

Aquél que diga que aventurarse a lo desconocido no es atemorizante, está mintiendo. La falacia de la emoción es la mentira que nos repetimos para disfrazar el miedo y no quedar inmóviles ante él. El desplazamiento —imaginario o físico —siempre descoloca.

Tenemos un reto ineludible en nuestro interior: la plática con y contra nuestras hiperidentidades digitales.

Sos un diccionario sin palabras. Con el tiempo el dolor cesa, cada vez cuesta menos respirar. La herida cierra.

Hace tiempo, un buen amigo me preguntaba si era más de escritores o de libros. De escritores, le dije. Son las cosas que tienen los románticos.

Cubrir de oro las heridas. Ponerles nombre y darles color. Dejar que cuenten su historia. Aceptar que son las heridas las que nos construyen.

Crece. Y nos consume. Nos habita

De nuevo no hay, a priori, mucho en común entre Woody Allen, Stephen Frears y Roberto Bolaño. O quizá sí: el mero hecho de que, por alguna razón, los llevo en la cabeza todo el tiempo.

Pregunta siempre antes de entrar
y deja una buena propina
al despedirse.

Escapar del búnker y el amor en aulas vacías.

“Casas vacías” de Brenda Navarro es poética -como debe ser la ficción- y real, cruda e intempestiva, como suele ser la vida. Una fotografía narrativa de uno de los momentos más tristes que vive México.

Sin embargo, te buscaba; tanta fuerza y los huesos tronchados e insisto cada vez, torpe, asfixiado: ¿cómo mierda se reconstruye la vida dentro de un poema?

No fue tan largo el trayecto, fue hermoso, sí, pero también terrible. Es lo que las Hexen cobran por aceptar a una más.

Apareció armada con flores
y con el sol como emblema.

“¿Qué quieres escuchar?” Volteé a ver a André y me tradujo. Dark side of the moon, dije. Sacó el vinil de por ahí, como si lo tuviera a la mano, levantó la aguja y los latidos de Speak to me empezaron a sonar.

Cuando se puso hielo en el rostro, dijo: “Dios mío, ya no chingues y mándame el infarto”.