Los minutos no duran tanto, cada kilómetro se hace más largo, me siento agotado y mi cartera, siempre, amanece vacía.
De taxis y taxistas (VI)


Los minutos no duran tanto, cada kilómetro se hace más largo, me siento agotado y mi cartera, siempre, amanece vacía.

La voz. Algo único en cada ser humano. La voz que quiere ser escuchada. Una sala donde participan diferentes personas, se habla de un tema y el único vehículo conductor es la voz. Así es la nueva red social que causa sensación, Clubhouse.

Según los medios, los pobres somos los verdaderos fascistas. Una plaga que hay que eliminar. Mejor será que nos peguemos un tiro antes de que infectemos al resto.

Te cuento que cuando ruges,
sólo me suenan zumbidos.

Un verso en cualquier gasolinera… que no me siga la carretera en los espejos, sino mis ojos.

Los ganchos lanzados por Rocky ya hubiese querido Tarantino construirlos con diálogo, aunque ninguno tenga jamás la sensibilidad de mi primera opción.

Él tenía miedo porque no sabía nadar, pero de cualquier modo se paró sobre la orilla, sintió el agua salpicándole las piernas y se arrojó porque sabía que eso tenía que hacer. Era su llamado.

Nos entregamos a otros desconocidos, a sus dolores, a nosotros mismos y a nuestros dolores. Y sudamos, y lloramos, y sangramos, y volvemos a ser…

Cuando todo lo que vemos nos marca, todos los días son señalados.

Tu nombre se derrama entre mis manos. Criatura del sol.

Qué cosas. Palabras y balas. Hacer la guerra, defender lo tuyo. Escribir, la mayor de las armas.

Y ser lanzado desde el puente a las aguas frías de la vida.

Llévame allí, a la ciudad donde solamente hay borra de café y edificios vacíos.

Alberto Manguel decía que escribía porque no sabía bailar tango, tocar un instrumento musical, resolver problemas de matemáticas superiores, correr la maratón de Nueva York, trazar las órbitas de los planetas, escalar montañas, excavar ruinas arqueológicas, descifrar códigos secretos, rezar como un monje tibetano, cruzar el Atlántico en solitario y un largo etcétera. En la […]

Los seres humanos jugamos, a veces, a ser Mary Shelley y creamos monstruos extravagantes cimentando la idea en sus capacidades para desenvolverse en un campo de fútbol.

-Epílogo- Y la noche con su mar ha perecido. Lo que seremos (IV)Lo que seremos (III)Lo que seremos (II)Lo que seremos (I)

Mi amá fue depositada en su tumba y los albañiles se apresuraron a colar la losa. Cuando estos terminaron, las nubes recomenzaron su actividad, avanzaban de nuevo en movimientos envolventes.

Caminos que forman historias; historias que forman una vida.

A los tres se nos desdibujaron historias diferentes que cayeron en el olvido por no volver a ellas, y volvimos a formar surcos, los unos a los otros, en nuestros reencuentros puntuales.

Un protagonista rodeado de personajes que van apareciendo y saliendo, con un punto de vista cómico; y a veces, grotesco. Atrapa al lector desde la primera línea, lo pone a prueba, le da lecciones de vida.