Ahora me encuentro entre la espada y la pared, el cielo luce azul tenue, diría que pastel, te veo observar la ventana y otra vez busco tu mirada.


Ahora me encuentro entre la espada y la pared, el cielo luce azul tenue, diría que pastel, te veo observar la ventana y otra vez busco tu mirada.

Gracias por tanto, por invitarme a ser parte de tu otra dimensión, por regalarme los momentos más extraordinarios a tu lado y por compartirme de tu magia. Hasta siempre, Misha. Hasta que el tiempo nos vuelva a encontrar. Te amo.

2021 -que debió ser 2020, como todo lo que arrasó aquel año absurdo-, será la Eurocopa de la adultez: haber buscado otro techo, lejos del calor paternal. Una Eurocopa que es, a su vez, una suerte de diáspora: se juega a lo largo de toda Europa. Todo y nada, a la vez. Algo nuevo.

Muchas horas de fútbol le dieron música a mi corazón, llenaron de goles mi tiempo y la vida me dio un pretexto para juntar a mis amigos con un solo objetivo: la felicidad.

La vida misma es como ser del Cruz Azul: tiene momentos muy amargos, pero algunos pocos que te llenan el corazón; te caes, pero te levantas; te vuelves a ilusionar hasta que aprendes a disfrutar el camino.

Que te pensé cada día y que deseo que tengas tantos, tantos años de vida y tantas historias por contar, que no me aferro a ninguna de estas ilusiones.

El voto centennial, es decir, de chicos y chicas de 18 a 24 años de edad, será decisivo en las próximas elecciones, aseguran especialistas.

Cada palabra cuenta en un espacio de papel finito. Por eso muchas personas atesoran las cartas. Tal vez por eso mismo antes eran menos las palabras que se llevaba el viento.

Hemos cerrado este capítulo de forma circular, jamás había conseguido cerrar así una historia y tú como siempre me enseñas hasta en tu último aliento. Nos volveremos a ver.

Conocí a ese hombre quien espolvoreaba sus maleficios con azúcar, quien tejía una telaraña de conquista y cosquillas, y quien se transformó en aquella araña del rincón.

No te metas conmigo, le dije, que no sabes con qué te puedes encontrar. Él se sobó el brazo asustado y volvió a respirar buscando algún testigo de esa tremenda humillación que él mismo había creado. A mí se me llenaron los ojos de fuego, de infierno, y me convertí en un recipiente de ruido y desorden.

Solía creer que la vida era así, ahora me entero de que no lo sé. He vivido poco, de a poco, aletargada y es hasta este momento que me siento vacía, confundida, perdida.

¡Justicia! ¡Pido justicia para mi hijo! Por 20 soles me lo mataron a mi hijo, 20 soles no me lo van a devolver.

La capacidad de este equipo de reinventarse es increíble, no somos fieles ni leales… somos cruzazulinos.

Cruz Azul juega la Final. Corrijo, otra Final. Así, con mayúscula. He vivido cinco… Todas perdidas. Nunca dejé de creer en que merecía, por fin, ganar. Supe esperar. La gente supo esperar. Ya no queremos esperar. Estamos hasta la madre de esperar.

En esta final puede venir lo que amo, pero desconozco. Y me asusta, me asusta tocar el cielo. Porque para irle a Cruz Azul hay que tener cojones.

Todo eso quedó en un país del que somos constantemente rehenes. Ah sí, también me acuerdo de ti.

…el colega era campeón mundial de Muay Thai, solo lo supimos después, a ver… ¡a hostias!… a hostias se cargó a su compañero de celda… pero… ¿el compañero de habitación quién era?

Breve homenaje a esos maravillosos versos de Coda (con todo y Alfonso André o el doble no reconocido de Alfonso André) que nos recuerdan lo que fue y no sabemos si va a volver a ser. Para bien… y para mal.

Luego se hizo un silencio. Un silencio sepulcral, casi perpetuo que me permitía darme cuenta que seguía teniendo el rostro infantil, los ojos vivos, la piel clara y la nariz aguileña de los años de juventud.